Sin salida

Sin salida

Si a través de mis ojos pudieras haber visto cuánto me hacías falta, jamás habrías comenzado a llorar. Tus lágrimas fueron lo último que imaginé cuando me disponía a dibujar tu rostro unicorniano y esa nariz diminuta de la que tanto habían hablado. Mi lápiz era esquivo a las curvas, pero aquel dibujo resultó siendo un gran e inefable círculo.

Saboreaba café y entonces veía más negro los trazos, más fino tu pelo, pero que, al final concluía en juncos que el viento sutilmente doblaba. No estabas de perfil. Tampoco toreando al artista. Levitaba tu rostro en ángulo intermedio, un poco cuarto menguante. Llegué a tus ojos. Comencé a descifrarlos pero sonreí. Me los sabía de memoria. Pero esa lágrima que tu alma revoltosa produjo, hizo temblar mis dedos. Corrí la mirada del papel y miré esa gota con resignación. Era del plateado de la luna y atizaba también el calor de mi piel. De todos los misterios, el tuyo era el más agónico. Respirabas y me observabas con esa mirada tan ridícula. Pero debía continuar para poder olvidarte.

No pude hacer una lágrima por lo que resolví el dilema trazando un círculo. Me introduje en él. Allí dentro había un camino y un árbol. La sombra me quemaba con fuerza pero sentí alivio cuando te vi acercarte desde el sur, desde el lugar donde solían bañar tu cuerpo con todo eso que odiaba. Pero ahora estabas aquí. Te sentaste a mi lado y respiraste de forma exagerada. Tomé una hoja de papel y contemplé ese unicorniano rostro y esa nariz diminuta. No te pusiste de perfil. Tampoco toreando al artista. Si a través de tus ojos podrías haber visto cuánto me hacías falta, jamás habrías empezado a llorar.

 

Tomás de Marcos 2007

Imagen de portada “Kiss” de Olga Rykova