Volaba con el sudeste

Volaba con el sudeste

Parada con ojos brillantes, tus labios se mojaron con la copa de un vino amargo. La mirada era fulminante y bajabas la cabeza como un toro , pero dudabas. Y si dudás, ataco. Te miré y mis manos agarraron tu cuello. Estaba tenso, frío y palpitaba. Tu pelo negro en llamas, volaba con el sudeste.

Te quedaste mirándome confundida. Desviaste tus ojos y mis músculos se tensaron. Como un aguila que clava sus garras al vuelo, te levanté y aunque el movimiento fue fuerte, tuviste tiempo de llevarte con vos tu espada. Aún en los momentos más vulnerables, tu instinto siempre fue defenderte. Ascendimos muy alto, atravesamos las nubes de tormenta y llegamos arriba.

El beso se transformó en una llama eterna. De esas que alumbran el cielo, aún en la más profunda oscuridad, y duran por siempre. Una estrella, un abrazo. Y arde…

Tomás de Marcos  2006