Cazar un Unicornio

Cazar un Unicornio

 

Butch tomó un áspero sorbo de whisky y tratando de hacer el menor ruido posible, levantó su Remington y apuntó a la sien de un ciervo de 12 puntas que tomaba agua. Era martes, como cualquier martes de cacería, el cielo estaba gris y nevaba en silencio, como la gran mayoría de las nevadas. La ausencia de ruido contrastado con los copos blancos que bajan de las nubes puede ser desconcertante para alguien que está acostumbrado a la lluvia y su ruidoso bombardeo. Pero no para Butch que estaba hace ya 5 días casi en la misma posición, subido a un árbol, tapado con una piel de oso y alimentándose a avena hidratada con nieve y pedazos de carne seca, a la espera del ciervo perfecto.

Butch no era un hipster de Starbucks, no era un hombre de ciudad. Era un cazador, algo que los hombres tienen en su genes desde que se inventó su raza. Cazar, ese instinto de perseguir y matar, era el leit motiv de Butch y  un trago de bourbon cuando salía el sol alrededor de las 5 de la mañana era su Moca Latte descafeinado.

El ciervo seguía bebiendo agua sin miedo. Butch sabía ocultarse entre las hojas y el viento soplaba del este: imposible que la bestia lo pueda oler. A segundos de apretar el gatillo, entró en el claro del bosque un animal muy extraño que jamás había visto por ese valle.  Parecía un caballo pero al mismo tiempo un ciervo y encima tenía alas. Abrió los ojos y contuvo el aliento. Recordó apesumbrado que lo había visto en sus sueños, muchísimas veces. Miró a su alrededor y luego al cielo y por último al swiss army que llevaba en la muñeca que marcaba las 7:35 de la mañana. No lo estaba soñando, de eso estaba seguro. Se sacudió la nieve de su capucha de piel de oso y se volvió a concentrar en la extraña criatura que ahora se acercaba a la laguna. Su pelaje era gris y al mismo tiempo celeste, y por momentos gris de nuevo, como si fuera cambiando segundo tras segundo como los amarillos de un fuego que recién se enciende.

Ya con certeza de que no estaba viviendo un delirium tremens,  se percató que ese especimen era lo que siempre había deseado. Sintió una agonía, un dolor en el pecho, y a pesar que por primera vez  finalmente lo tenía enfrente, no tuvo dudas en reconocerlo. Era un unicornio.

El corazón le latía con intensidad. No se daba cuenta si era parte de una epifanía, pero si se percató que el unicornio era la explicación a la pregunta que todas las noches se hacía cuando trataba de justificar porqué le gustaba cazar. La única forma de apagar ese dolor que siempre sintió en su corazón que solo lograba paliar cazando, hoy parecía ser la cura definitiva. Cazar un unicornio.

Apuntó con su mira telescópica a la frente, que tenía una mancha blanca. El animal levantó la cabeza y lo miró a Butch. Era la primera vez que una presa lo miraba. Sintió vértigo y una sensación de infinito tan intensa que tuvo nauseas. Pensó en ella, ese amor del pasado, en sus labios, en la sonrisa que tenía, en su pelo transpirado cuando bailaba. Sintió un profundo dolor en el pecho, y  le cayó una  lágrima, pero luego se contuvo, los hombres no lloran. En un mortal y habilidoso silencio cargó el rifle y acarició el gatillo, pero no disparó. Se quedó congelado y pensó otra vez en ella.

El unicornio terminó de beber y abrió sus alas. Butch seguía tieso, pero sereno, con el dedo en el gatillo. Luego bajó el arma y suspiró. El unicornio hizo un especie de relincho  ( ¿ fue un relincho? ) y tomó vuelo.

El ciervo sin siquiera perturbarse, como si viera unicornios todos los días, tomó un sorbo más del agua semi congelada de la laguna. Butch secó su mejilla, volvió a tomar su rifle, apuntó y disparó. El ciervo ni siquiera tuvo tiempo de parpadear antes de derrumbarse. Se escuchó el ruido del cuerpo tibio cayendo sobre el barro escarchado y luego nada más. El silencio del bosque fue total.

Tomó un sorbo de su petaca plateada y la miró con detalle. Era la primera vez que se detenía a observarla con tanta atención. Cual vaso de cartón de Starbucks, lleno de  Moca Latte, su petaca también tenía escrito su nombre: Butch.

 

T.d.D.M 2015

Imagen : Hunter in the snow forest – Laszlo Kezdi-Kovacs -1930