Tirarla Afuera

Tirarla Afuera

Lio estaba tratando de dormir en su cuarto de hotel. Ya faltaba poco para la final. Pero no podía cerrar los ojos. Vió una luz muy fuerte y apareció Dios. – Hola Lio. Vengo a pedirte un último favor. En el partido de mañana vamos a ir a los penales y  quiero que la tires afuera. ¿Penales?- lo interrumpió Lio, -¿me estás jodiendo? Quiero meterle por lo menos 3. -No Lío- le contestó Dios.-Vamos a ir a los penales y quiero que la patees afuera-. Messi estába desconcertado. -¿Afuera? Soy Messi Dios, no la puedo tirar afuera. Decime cualquier lugar del arco que querés que haga el gol y lo hago. De última te erro un tiro libre si querés, pero no me podés pedir que la tire afuera.

Dios estaba un poco apesumbrado. Suspiró y miró a un costado como para buscar respuestas a lo que quería decir. Lo miró al Kün que dormía en la cama de al lado, y lo volvió a mirar a Messi. -Lio, más de una vez te pedí que hagas cosas que no comprendías porque debías hacerlas y la pasaste muy mal por mi culpa. Y muchas veces te pedí cosas imposibles y las pudiste hacer. Entiendo tu enojo, pero tenés que confiar en mí.  -Siento que  me estás pidiendo que deje que los 40 millones de argentinos, que hasta hace dos días me consideraban su rey, ahora vengan y me crucifiquen-, le dijo Messi, esta vez mirándolo a Dios a los ojos. Dios se conmovió con la mirada de Lionel. Tenía el rostro triste, pero su voz era firme y decidida. Hubo 3 segundos de silencio que parecieron eternos y finalmente habló. -El Messi que todos conocen debe morir Lio. Todos eso que creen que eras el salvador,  deben crucificarte  con la cruz que te hicieron cargar durante mucho tiempo. Es duro lo que te estoy pidiendo, lo sé. Pero es lo mejor que te puede pasar. La mayoría no te va a odiar, creeme, pero es necesario que dejen de pensar en vos como la salvación de todo. Después del partido vas a renunciar a la Selección, y al tercer día, ya te vas a sentir mejor. Y ahí es cuando vas a resucitar Lio, todo va a ser diferente. No ahora, pero dentro de un tiempo me vas a comprender- concluyó Dios. 

-Pero por lo menos no puedo tirársela a las manos del arquero?-insistió. Dios fue rotundo.-No Lio, afuera.

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Messi se paró frente a la pelota. No podía creer lo que tenía que hacer. Se tocó la barba. -¿Porqué tenía barba?-pensó. Miró al arquero y se dijo a si mismo “Dios, esta vez no te voy a seguir. Se la clavo en el ángulo y levantamos la copa”. Miró a la tribuna, y a todos los argentinos ilusionados, gritando su nombre. Y en la fila 12, un poco más a la derecha del arco, lo vió a Dios parado en su asiento con  los brazos abiertos y sonriéndole, con una barba igual que la de él. Messi sintió rabia y bajó la cabeza. Ya sin explicaciones, escuchó el sonido del silbato, fue hacia la pelota y como necesitaba un objetivo, decidió apuntarle a Él. La pelota fue directo a la fila 12, pero un segundo antes que lo impacte, Dios desapareció.  Los 40 millones de argentinos sintieron algo que nunca habían sentido. Un rayo atravesó la tormenta que azotaba el cielo argentino cuando ya el domingo se exitinguía. Messi, en Nueva Jersey, en un visible estado de shock volvió rápidamente al centro del campo tratando de entender si lo que había hecho valía la pena. En la tribuna él ya no estaba. Miró al cielo y suspiró -¿Dios mío, porqué me abandonás ahora?.

Luego lloró. Pero después se sintió mucho mejor.

 

T.d.M