Para tener alas, es necesario volar
Desde chicos, primero a través de nuestros padres y después más científicamente en las clases de Lógica, nos enseñan que para tener algo, es preciso antes lograr algo.
Si A es B Entonces B Es decir, si me estoy mojando, llueve. Llueve. Entonces, me estoy mojando.
Si bien esto es más parte del lenguaje formal, y por ende, alejado del lenguaje natural, el de la comunicación, esta diferenciación es una barrera casi invisible en términos prácticos. Estamos, en situaciones de la vida, atados al lenguaje formal, a lógicas o paradigmas que parecen moldear la forma en que pensamos y nos imposibilitan lograr lo que queremos.
En matemáticas, cuando hablamos de suma y multiplicación, hablamos de que tienen propiedades conmutativas. Es decir, el orden de los factores no altera el producto, o más bien: el resultado de operar dos elementos no depende del orden en que se toman. (Ver Wikipedia para más detalles).
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¿Acaso los hermanos Wright pensaron que para volar necesitaban alas? ¿O tal vez primero pensaron en volar y luego buscaron la forma de cómo hacerlo? (Con alas, claro).
Para volar, se necesitan alas, es verdad. Pero si estoy volando, tengo alas. Entonces, para tener alas, es preciso volar. El simple hecho de volar es lo que nos va a dar esas alas. De ahí nace la metralleta de frases usadas hasta el hartazgo por el deporte: Impossible is nothing, Just do it, etc. Es decir, dejar de pensar en que algo es difícil, algo que requiere mucho esfuerzo, e ir directamente a B.
Imaginemos a una persona que nunca hizo deporte. Y su sueño es correr una maratón. Cualquiera le diría que debe: comprarse zapatillas, remera, agendar una hora del día para entrenar, entrenar miles de horas, comer bien, hidratarse, dormir y miles de cosas que implican correr una maratón (y no fracasar en el intento). Ahora bien, si para correr una maratón se necesita todo eso, entonces para tener todo eso, es preciso correr una maratón.
La lógica matemática, resultadista, inequívoca y tajante como es, puede ayudarnos a lograr las cosas que queremos. “Ser más conmutativo” es intentar no ver la cantidad de cosas que debemos lograr para llegar a nuestro objetivo, sino pensar más en el objetivo y esas cosas se van a lograr y surgirán de nuestro cuerpo de oruga alas de mariposa.
Nosotros creamos el mundo en el que vivimos.
El cerebro no entiende que algo es bueno o malo. Actúa de otra forma. Si pensamos en riquezas, obtendremos riquezas, aunque la riqueza más grande es, claro, conocerse a uno mismo.
Este pensamiento lo volqué en un cuento sobre el tema. Más que un cuento, un microcosmos. Acá está.
Un arqueólogo revisaba archivos de una vieja biblioteca. Encontró un libro y, entre sus hojas, un manuscrito en latín. Traducido decía: “Para tener alas hay que volar”.
Salió del edificio y caminó por un patio interno de adoquines dorados. Se percató de que estaba solo. No había personas, no había animales, no soplaba el viento y el sol se había detenido en el cenit.
Ahí se dio cuenta de que era hora de morir. La hora había llegado. Vio un ángel que se acercó a él y le susurró un canto al oído y ascendió.
El arqueólogo observó el ser alado y se preguntó cómo debía hacer para tomar altura y dejar este mundo que ya no tenía lugar para él.
Y de pronto sintió que se elevaba, muy alto, muy rápido. Su cuerpo ya no pesaba. Y así voló a la eternidad. De pronto, y con suavidad, unas alas azules o celestes salieron desde su espalda y le dieron aún más impulso ascendente. El teorema se había cumplido.
Primero piensa en volar y no pierdas tiempo construyendo tus alas. Esas se te van a dar cuando estés preparado.
Foto de tapa: Samantha Foust ’09 “Wright Brothers”